AUDIENCIA 97 / NUESTRA NIETA RECUPERADA 117º Y EL DEBATE

31-08-15| Hubo especial agitación y júbilo en la sala de Audiencias por el anuncio de la recuperación de la identidad de la hija de Walter Domínguez y Gladys Castro, matrimonio mendocino secuestrado y desaparecido a fines de 1977. La alegría era inocultable porque se trata de la nieta de María Domínguez, una incansable luchadora de Madres de Plaza de Mayo a nivel local. En medio de este especial clima, testimoniaron la penitenciaria, Susana Barrera Oro, y el abogado, Alberto Aguinaga, ambos propuestos por el Defensor Civit.

Susana Barrera Oro

Fiel al espíritu de cuerpo, Cristina Barrera Oro, expenitenciaria, fue la testigo ofrecida por Ariel Civit, defensor de Oscar Bianchi, que dio comienzo a la audiencia del día. La mujer trabajó en la Penitenciaría de calle Bolougne Sur Mer desde 1968 y fue compañera de Bianchi. Con el imputado compartió estudios.
La excarcelera confirmó que Bianchi cumplió funciones en el pabellón de los denominados presos políticos. Luego contestó a Civit que nunca observó ninguna lesión entre los internos del penal, que nunca escuchó que se comentara que Bianchi ejerciera violencia, que allí “los rumores corren muy rápido”… Definió la tarea de los guardias como la de sacerdotes o psicólogos para contener a los presos y siguiendo la estrategia de otros testigos de la defensa de “echarle la culpa al muerto”, señaló al fallecido oficial Bonafede como “más agresivo”.
El nombre de Oscar Bianchi ha surgido en varias declaraciones de expresos políticos como el penitenciario que los trasladaba a la improvisada sala de torturas en la Peluquería. Muchos testimonios relataron que él los llevaba desde su celda hasta aquel lugar, sometiéndolos a maltratos y no podía ignorar los interrogatorios con vejámenes en tal lugar. Barrera Oro dijo desconocer esto y señaló que para ella era imposible que Bianchi fuera un golpeador. Lo sostuvo a pesar de que Carlos Varela, del MEDH, le hizo ver que a ella no le constaba tal situación, pues no la había visto.
La mujer defendió a sus colegas deslindado responsabilidades en el Ejército que, según ella, mantenía el control de la institución.

Conservador con historia

Alberto Aguinaga

Alberto Aguinaga comenzó su testimonio aseverando que Argentina fue un país cívico-militar hasta 1983. Curiosamente él fue parte de ese sistema y llegó a ser ministro de Gobierno de la Provincia en 1982, cuando la Nación era gobernada por las fuerzas armadas. También ocupó el cargo de asesor penitenciario.
El abogado, dirigente del Partido Demócrata, recordó haber defendido a algunos imputados por la Ley 20.840, pero aseguró no haber conocido ni escuchado que alguno haya sufrido torturas. Es más, sugirió que los detenidos mentían al denunciar apremios, respondiendo a instrucciones. A esta altura del juicio, con tantos testimonios sobre los tormentos, violaciones y todas las atrocidades que cometieron los represores, pretender hacer creer que los apremios se denunciaban porque así lo decía un supuesto manual es, por lo menos, una falta de respeto y no resiste la mínima consideración.
Aguinaga, quien explicó que defiende a “varios militares y policías” en el juicio de lesa humanidad de San Rafael, dijo que los jueces y fiscales federales sólo hicieron lo que podían hacer y especificó que en los Habeas Corpus los magistrados “hicieron el trámite”. Tras semejante simplificación de actuaciones que podrían haber salvado vidas, el letrado consideró que para hacer algo más, un juez debía ser un héroe. “Y no hubo ningún juez héroe”, remató.
Cuando Civit le preguntó si sabía que había desapariciones, Aguinaga respondió: “Sí, por supuesto”. Y recordó que la hija de un amigo suyo, Antulio Santamaría (Blanca Graciela), está desaparecida y él lo supo desde un primer momento porque asumió la defensa de otra hija de Santamaría, Florencia, que había sido detenida. De este último caso, Aguinaga reveló a Romano como quien pidió la condena, aunque intentó minimizar el comentario al decir que “pidió la condena mínima”.
Aunque se manifestó elogioso con los miembros de la Justicia Federal, hizo referencia a una interna judicial liderada por Romano, como si en Tribunales Federales convivieran dos bandos enfrentados. Agregó que a él le tocó en suerte defender a los empleados que eran sancionados por “romanistas”, aunque no hizo mayores precisiones.
Para rematar su confuso testimonio, Alberto Aguinaga, se refirió, sin que nadie se lo preguntara, al asesinato de Benedicto Ortiz, acaecido el 30 de marzo de 1982, cuando las fuerzas de seguridad reprimieron una movilización que pedía el fin de la dictadura y reclamaba pan, paz y trabajo. En ese momento Aguinaga era ministro de Gobierno (a cargo de la policía) y dijo que a “Ortiz lo mató una bala que le llegó de rebote”. Olvidó mencionar que junto a Benedicto, herido mortalmente,  fueron alcanzados por las balas Juan Enzo Ortíz, Raúl Aldo González, Ricardo Jorge García, Bruno Antinori y Héctor Moirat.

Para este martes a las 10 de la mañana, está prevista una celebración por la nieta 117º, convocada por  H.I.J.O.S. y Herman@s, antes del inicio de la audiencia de la fecha. En el marco del debate se anunció que declarará el último testigo ofrecido por la defensa, Héctor González, y también comparecerá uno de los imputados, Antonio Indalecio Garro, expolicía de la Séptima.

 

Ver fotos AUDIENCIAS 96 y 97

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