No es menor sobrevivir / por Juan Carlos Pedot

 

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Me llamó la atención revisando la letra y el audio del Mega Juicio de Lesa Humanidad de Mendoza, de esta semana, jueves 4 de junio del 2015. A veces hago esas cosas, la historia me arrastra hacia tiempos idos… inexorablemente a mi Mendoza. La curiosidad en estos casos es la carnadura de una herida que nunca cicatriza.

Declaraba . Aplomado,  contundente, muchos conocidos hemos declarado en anteriores juicios de lesa humanidad,  en todos los juicios hay nombres de victimarios y victimas, se mezclan,   resurgen,  se repiten, siempre conexos , cuando nos tocó el turno de afrontar al tribunal, nos poníamos nerviosos, no podés equivocarte, tu testimonio puede anularse, es  estresante, sabemos de nuestra verdad, pero nuestra responsabilidad militante te puede jugar una mala pasada. En este  tenso escenario  jurídico- político vuelven a  revivir  las tensiones de esa  época  de nuestras vidas. El apellido Lozano me sonaba familiar. En el transcurso de la nota mencionaba que el declarante había estudiado Ciencias Políticas en Mendoza en los años 70.  Conocí a un flaco Lozano cuando cursaba algunas materias en dicha facultad. El relato me atrapa, claro, preciso, patético, entrañablemente doloroso, 7 años de tortura. El daño  era grupal, presenciar y sufrir  la tortura hasta el agotamiento físico y muerte de secuestrados,  la salvaje violación de detenidas hasta 20 veces al día, una infamia degradante total sobre una mujer, y también violados varones, sentir  que los monstruos que cometían esos actos, gozaban, de los hechos, y además necesitaban de una tribuna de espectros de personas  con los ojos vendados,  que escucharan las quejas y gritos de los sufrientes de las vejaciones. En su calvario relata José, los fusilamientos de detenidos y su traslado a una cárcel de La Plata con secuelas  de las mismas prácticas inhumanas de delitos de lesa humanidad.

La memoria no me ayuda, confundo los contornos de los perfiles de personas que no he visto en más de 40 años, solo recuerdo que José era alto, flaco y de pelo oscuro, me confundo con el flaco Rosales, alto también,  amigo y vecino mío en mi departamento frente al parque San Martín- también mencionado por Lozano – desaparecido en junio del 77.

Algo me dice que este hombre que esta pisando más de 60 años era el mismo muchacho que como tantos, queríamos cambiar el mundo  cuando nos agrupábamos en las ardientes asambleas universitarias de los 70.

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