AUDIENCIA 126 / ALEGATO DE CARLOS VARELA (I PARTE)

22-02-16| Carlos Varela Álvarez, en representación del MEDH, apoyado en importantes e irrefutables informes y documentaciones, realizó la primera parte de su exposición en la que quedó en evidencia, una vez más, la imposibilidad de que los ex magistrados desconocieran los hechos que se les imputan.

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Completó Salinas

Antes de que Varela tomara la palabra, Pablo Salinas completó su alegato con el caso de Roberto Roitman. Por él fue su hermana quien presentó un Hábeas Corpus del que fue notificado el entonces fiscal Otilio Romano. A partir de ese HC el juez Guzzo pidió a Tamer Yapur, ex jerarca del ejército, que le informara si existía un decreto que ponía Roitman a disposición del PEN. Aunque Guzzo nunca recibió esa información, rechazó el HC y notificó a Romano, quien nada hizo al respecto.

Sentida dedicatoria

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Carlos Varela inició su exposición con la dedicatoria a dos personas que ya no están. Una es un tío suyo, Miguel Ángel Bustos, poeta desaparecido. “Crecí con el silencio de Miguelito. Militaba en el PRT y fue desaparecido en noviembre de 1976 y en 2014 encontraron sus restos. Quedaron sus libros”, señaló el abogado. El otro es Alfredo Ramón Guevara, de quien Varela dijo: “Sería feliz si él estuviera aquí, en esta sala. Nosotros como abogados le debemos mucho más de lo que él nos dio”.
Seguidamente el letrado del MEDH reflexionó sobre el desafío de afrontar este proceso judicial: “Ningún juicio me enfrentó tanto conmigo mismo. Parece fácil decir o pensar lo que yo hubiese hecho o decidido hace 40 años si hubiese sido militante, juez, policía, militar o abogado de Derechos Humanos. ¿Qué hubiese hecho en cada caso? Es una pregunta que no puedo responder. Por eso voy a introducirme en esa fotografía en blanco y negro de aquellos años”.
Luego agradeció al MEDH, en particular a su titular Elba Morales y a sus colegas Viviana Beigel, Diego Lavado y Pablo Salinas, con quienes comparte la querella, e hizo énfasis en que ninguno de ellos recibe pago alguno por esa tarea, ni pretenderá hacerlo, cualquiera sea al resultado del juicio. También destacó que del otro lado de la sala tiene amigos personales, como Omar Venier, quien defiende a dos de los imputados y señaló: “Él está aquí porque cree que está del lado correcto. Yo estoy por lo mismo. Ser amigo de Venier no me impide decir lo que voy a decir”.
También hizo referencia el doctor Varela al vínculo entre Derecho y Poesía y lo justificó leyendo el poema Épocas de Juan Gelman, en el que hay una referencia a quien ya había nombrado, su tío Miguel Ángel Bustos, y Paco Urondo. Dice el poema:

bajo los gatos de oro/ callanjuan_gelman los ruiseñores de shelley y keats/ ahora
los finísimos callan/ no tuvieron
grises las sienes blancas la cabeza/la

juventud no se les fue/ no llegaron
a viejos sus dientes y aunque
bajaron a la dolorosa muerte/ no
huyeron de ella como un ruiseñor/en

el cementerio inglés de Roma callan
los ruiseñores de shelley y keats/ escribieron
que habían escrito su nombre en el agua/ atacando
la dura realidad con bellos

ruiseñores de shelley y keats/ o atacándose bellos/sin
respirar la tormenta en que bustos
cesó en la mesa de torturas y urondo
cayó en combate/ ahora

urondo y bustos callan/ no tuvieron
grises las sienes blancas la cabeza/la
juventud no les fue/ no llegaron
a viejos sus dientes y aunque

bajaron a la dolorosa muerte/ no
huyeron de ella como un ruiseñor/ en la
tormenta que barre mi país/ escribieron
su nombre en el fuego/ atacando

la dura realidad con bellos/
urondo y bustos/ rui/
señores de la tormenta que repartís
sus nombres por mi país encendido

Recordó Varela que con su poesía y con su lucha, Gelman logró revertir la actitud de la justicia tanto uruguaya como argentina, y que la CIDH exigiera que se investigara lo sucedido con los familiares del escritor que habían sido secuestrados, entre ellos una nieta a la que recuperó.
El siguiente capítulo del alegato continuó con una alusión al Premio Nobel de Economía 1998, Amartya Sen, de Bangladesh, y su libro Acerca de la idea de Justicia; al filósofo estadounidense Ronald Dworkin y su Teoría de la Justicia y al filósofo y jurista argentino Carlos Nino. En ellos se basó Varela para explicar que intentará demostrar aquí que tiene la razón en sus acusaciones, sobre todo luego de escuchar lo que llamó Asamblea del Dolor, en referencia a los testimonios escuchados.
El representante del MEDH desechó la argumentación de que este sea un juicio político y consideró, en cambio, que es un juicio a las ideas políticas, porque eso es lo que persiguieron quienes hoy están imputados.
Enumeró los argumentos hasta aquí escuchados por parte de la defensa, como: “anacronismo”, “diario del lunes”, “confianza en la policía”, “validez de sumarios”, “competencia militar”, “amenazas”, “hicimos las cosas bien”, “no formamos parte de, ni conocimos ningún plan”, “por qué sólo nosotros”, “esto fue una guerra”, “los HC eran una estrategia”, “las torturas eran denuncias ficticias y preparadas”… Todo absolutamente refutable.
Y a esa refutación Carlos Varela decidió titularla El Origen de la Tragedia, título que tomó de una obra del filósofo alemán Friedrich Wilhem Nietzsche.
El abogado, que se ocupará en su alegato de casos ocurridos casi todos en 1975, recordó que ya para diciembre de ese año se conoció un informe, la Comisión Internacional de Juristas, que describía la situación que sufrían abogados argentinos perseguidos por el terrorismo de Estado. Había 15 detenidos, entre ellos los mendocinos Alfredo Guevara y Fuad Tom. Como respuesta, el ministro de Justicia Antonio Benítez dijo que se trataba de letrados que cobraban fortunas de organizaciones guerrilleras, como Montoneros y ERP, y desmintió que existieran grupos parapoliciales, aunque ya operaba la Triple A.
En junio de 1976, el informe de la Comisión Internacional de Juristas fue nuevamente publicado, con el agregado de que ya se contaban entre 6 mil y 8 mil los desaparecidos. Insistió la Comisión en 1978, sumando un informe sobre lo que sucedía con los Hábeas Corpus. Las respuestas se reflejaban en panfletos del Movimiento de Recuperación Nacional, que se refería a “abogados del caos y la delincuencia” y de la Asociación Nacional de Magistrados, con expresiones y firmas falsas de profesionales que estaban detenidos o desaparecidos.
La información sobre lo que estaba sucediendo, y que no puede haber sido ignorada por miembros de la Justicia de entonces, tuvo otro capítulo en 1980 con el documento de Emilio Mignone, fundador del CELS, sobre la teoría del Paralelismo Global. Se habla allí de la desaparición forzada de personas y del estado de excepción. Paralelismo Global es un conjunto de disposiciones secretas y clandestinas. Dice Mignone que se suprime de hecho el Hábeas Corpus, pero se mantiene la ficción sobre ese recurso desde el momento en que la Justicia Federal se declara competente, aunque luego rechaza sistemáticamente cada HC.
Otro informe revelador es el Amnistía Internacional de 1976, en el que se da cuenta de ejecuciones sumarias, fusilamientos, muertes en falsos enfrentamientos y desapariciones.
Otro documento, mucho más conocido, es el de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de 1979 y 1980. Allí se destaca, por primera vez, el rol de los familiares, que lograron conmover a la sociedad con su lucha. En cambio el Poder Judicial no fue capaz de conmoverse y claudicó ante el Poder Ejecutivo, rechazando y archivando en forma continua los HC.
En respuesta a ese informe, el Círculo Militar publicó otro, con argumentaciones que ni merecen discusión, como la de que los militares habían tomado el poder debido a la incapacidad del Estado y con la noble meta de poner fin al terrorismo. Pero además, curiosamente, señalan que quienes presentan HC están mal asesorados y equivocados, porque “no hay secuestrados, sino detenidos”. Señala que probablemente bandas armadas habrían provocado esos secuestros. Niega que haya abogados perseguidos y asegura que quienes están detenidos integran asociaciones ilícitas. Sobre los desaparecidos indican que es un invento de los familiares para ocultar a terroristas, que luego los desaparecidos reaparecen en otros lugares del mundo, y que los testigos son falsos.
La enumeración de Varela demuestra que desde 1975 ya había, en el contexto nacional, información sobre lo que estaba pasando con el terrorismo de Estado.

En Mendoza

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Carlos Varela apeló al Código de Procedimientos Penales vigente en 1975, que permitía y obligaba a actuar, tanto a jueces como a fiscales, sobre la base de dos principios: el juez conoce de Derecho y las reglas del estoppel, según las cuales nadie puede alegar su propia torpeza.
Enumeró uno a uno los artículos que fueron ignorados por los magistrados: la competencia penal improrrogable, la obligación de promover averiguaciones, la imposibilidad de que la policía tome declaración indagatoria sin autorización, la verificación de lesiones, las confesiones sin coacciones, los hábeas corpus, etcétera.
El doctor Varela recordó que en Manual de Zonceras Argentinas, Arturo Jauretche consideró al Hábeas Corpus como la zoncera número 26. También se refirió a las definiciones del Diccionario Político de Ezequiel Ander Egg.
El abogado tomó el emblemático caso “Inés Olleros”, al que muchas veces aludieron las defensas debido a la intervención de Raúl Zaffaroni, a quien señalan como alguien que también debería estar en el banquillo de los acusados. Sin embargo Zaffaroni promovió acciones, y con el caso Olleros llegó hasta el general Jorge Rafael Videla, a quien libró un oficio. Ese caso llegó a la CIDH. “Por eso debe ser que Zaffaroni está allá (asumió como juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos) y ustedes acá”, les señaló Varela a los imputados en Mendoza.
Por último el abogado del MEDH habló sobre la valoración de los testimonios de ex represores como Fenocchio, Dopazo, París Francisca, Maradona, Tamer Yapur y Sánchez Camargo.

Este martes, Carlos Varela, tratará caso por caso.

Ver fotos AUDIENCIAS 125 y 126

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