AUDIENCIA 101 / SIGUEN LAS CULPAS AJENAS

21-09-15| El expenitenciario Oscar Bianchi y el expolicía José Lorenzo comparecieron ante el TOF y completaron la etapa de ampliación de declaraciones de exintegrantes de las fuerzas de seguridad que lo habían solicitado. Como quienes los antecedieron, ambos acusados atribuyeron responsabilidades a muertos o a otras fuerzas. Desde este martes será el turno de los exjueces.

El TOF y Civit

Civit debe hacerse cargo

En el inicio de la audiencia, la secretaria del Tribunal, Natalia Suárez, informó que no había novedades sobre el doctor Surballe, testigo ofrecido por Ariel Civit. El defensor de Oscar Bianchi y Otilio Romano, admitió que sólo lo había llamado por teléfono, a un número que encontró en la página del Colegio de Abogados, y que no fue atendido. Por ello pidió que el TOF se encargue de convocarlo. Tras una breve consulta con sus colegas Raúl Fourcade y Juan Antonio González Macías, el presidente del cuerpo, Alejandro Piña, le respondió: “Es su carga, doctor Civit. Usted lo ofreció, usted ubíquelo. Este Tribunal no va a distraer sus esfuerzos en una responsabilidad que es suya. Y si el doctor Surballe no viene mañana (por este martes) vamos a desistir”.

Entre el Ejército y el parecido con Bonafede

Oscar Bianchi expuso in extenso. Repasó su carrera como penitenciario, la que inició como agente e incluyó todos los cargos y ascensos, hasta el de director del penal. Su relato fue prolijo, bien estudiado y siguiendo apuntes que llevó consigo. Fueron 31 los años que prestó servicio y entre el 24 de marzo de 1976 y septiembre del mismo año estuvo a cargo de la seguridad interna del pabellón 11 en el que estaban privados de la libertad los presos políticos.
Bianchi negó haber participado en traslados desde el pabellón a la peluquería, donde se torturaba; aseguró que esa tarea estuvo a cargo de oficiales y suboficiales y no de agentes. También negó haber visto a alguno de los internos golpeados o con indicio de tormentos y sólo admitió que recibía pedidos de ir a la enfermería y que se enteró de los apremios nada más que por comentarios. Dijo que nunca usó uniforme gris ni anduvo vestido de civil en la cárcel.
Se refirió, luego, a la famosa requisa del invierno del ’76 de la que según él, no participó el personal penitenciario, y todo lo que ocurrió fue responsabilidad del Ejército. Describió esa jornada como una muestra de abuso, en la que los detenidos fueron desnudados y golpeados y hasta mostró de qué forma fueron puestos contra la pared. Recordó que a él lo acusan de haber pisado a Daniel Rabanal y trajo a colación el testimonio de Orlando Flores, quien dijo que ese operativo lo hizo el Ejército solo. Sin embargo, son numerosos los testimonios que lo señalan a él como un activo colaborador del Ejército en la golpiza de julio del ’76.
“Nunca fui de pegar, preferí el diálogo, hasta compartí café con los internos. No tengo una sola denuncia en la Justicia provincial, ni en la Justicia Federal. Y otros compañeros, sí”, reflexionó Bianchi, lo que dio lugar a inferir que sí hubo maltrato por parte de los penitenciarios, aunque él se desligó de haber participado.
Consultado por el fiscal Dante Vega sobre por qué varios testigos lo han nombrado como autor de golpes y maltrato, el imputado lo asoció con lo que para él fueron confusiones como cuando se habla de las famosas 3B y dijo que los Bianchi eran dos, había también dos Barrios y también estaban Balmes y Bonafede. Con éste último, ya fallecido, Bianchi cree que lo confundieron porque, dice, eran parecidos físicamente. Implícitamente admitió que sí hubo participación penitenciaria en las torturas y los malos tratos.
La declaración de Bianchi fue por momentos muy reiterativa en cuanto a adjudicar culpas al Ejército y nombró a la IV Brigada Aérea como partícipe de las torturas en “la peluquería” y fue repetitivo también en afirmar que no vio torturados o golpeados y que tomó conocimiento de esto años después, cuando se encontró con un expreso, Marcos Pereyra, que se lo contó.
Finalmente, el exagente señaló, como buenos antecedentes suyos, haber trabajado para la empresa de transporte de otro exdetenido, ya fallecido, Cándido Ponce, y haber dado trabajo en su casa a una mujer que estuvo presa.
Bianchi hizo denodados esfuerzos por mostrarse como una buena persona; sin embargo, presumiblemente, sabe mucho y calla.

La segunda parte de Lorenzo

José Lorenzo

José Lorenzo, expolicía de la Séptima, fue breve. Dijo que ratificaba sus dichos cuando declaró en mayo de 2014, a poco de iniciado el juicio, y entendió que aquella declaración fue corroborada por los testigos Seydell, Amaya, Moretti, Belardinelli y Córdoba, de cuyos relatos, entendió el acusado, se desprende que ninguno dijo que fue golpeado o torturado por él.
Lorenzo aseguró que se enteró durante estas audiencias de los delitos sexuales contra detenidos, reiteró que sí vio a Seydell torturado y apeló a la supuesta presunción de inocencia que la da su edad ya que se considera el imputado más joven por delitos de lesa humanidad en la Provincia y quizás en el país, porque tenía 19 años cuando ocurrieron los hechos que se le achacan. Este argumento no lo exime de responsabilidad.
Finalmente, Lorenzo se refirió a su problema de salud, por una afección renal crónica, agravado durante su permanencia en el penal. Denunció que nunca lo vio un especialista. De inmediato el fiscal Vega pidió al TOF que intervenga el Cuerpo Médico Forense y se arbitren todos los medios que garanticen la debida atención médica e incluso se disponga, si fuera necesario, el arresto domiciliario.

Para este martes, en horario habitual, está prevista la ampliación declaratoria de los exjueces Luis Miret, Otilio Romano y Rolando Carrizo.

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