AUDIENCIA 102 / ROMANO. LA BIBLIA JUNTO AL CALEFÓN

22-09-15| Hoy se escuchó a Otilio Romano en su ampliación de declaración. El exjuez se alejó de lo técnico-jurídico y no se refirió a los hechos que se le imputan; compuso una exposición que tuvo todos los ingredientes: pedido de disculpas, reproches, relatos de su vida personal y profesional, citas bibliográficas y demás. Un derrotero confuso que buscó un golpe de efecto impropio de un ex magistrado.

Otilio Roque Romano

Otilio Ireneo Roque Romano, en la primera parte de su declaración, eludió deslindar responsabilidades con respecto a las decenas de casos de hombres y mujeres asesinadas, aún desaparecidas, que pasaron por sus manos y otros delitos. No hizo mención a los casos por los que se lo acusa, en cambio se victimizó.
El otrora camarista, peso pesado de la Justicia Federal, compuso una declaración que se acerca más a un alegato político que a una argumentación técnico-jurídica que le ayude a liberarlo de los cargos que se le adjudican. Ratificó la declaración que hizo en la etapa de instrucción y pidió disculpas al abogado Alfredo Guevara (hijo) por los dichos que incluye la misma. Por otro lado, hizo referencia a las características de la intimación de la Fiscalía como oscilante y “presuntoria”, hecha a la ligera y describió como un anacronismo pretender juzgar delitos cometidos hace 40 años, con la perspectiva actual. También reclamó por la “mala leche” (textual) con que la Fiscalía seleccionó algunos casos y omitió los sobreseimientos dispuestos por Romano. Razonamiento extraño ya que es de esperar que no sean tomados en cuenta todos aquellos procedimientos realizados, como corresponde, de acuerdo a derecho. Lo lógico es que la Fiscalía seleccione los que se apartan de las disposiciones legales.
Con tono altisonante y apelaciones demagógicas, se solidarizó con sus compañeros de cárcel, inclusive con los policías del D2, esgrimió su inocencia y atribuyó a los mandos la responsabilidad de los crímenes.“Vivo un martirio”, dijo, y dedicó su exposición tanto a sus hijos como a las víctimas que poblaban la sala de audiencia. Según él, los testigos fueron preparados, incentivados para que se realice un “juicio de la venganza”, sin especificar a qué oscuro designio respondían.

Un repaso de su vida

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Romano, con un dejo lastimero, relató las contingencias propias de un vecino de Mendoza, cuarenta años atrás. Contó sobre su vida en el barrio Fuchs, su condición de empleado con una vida sencilla, pero exenta de mayores penurias, y relató su carrera en la Justicia Federal.
Se recibió en 1965 y entró a Tribunales Federales en 1968. Después de cubrir algunos puestos, fue secretario del juez Agüero, ascendiendo a Fiscal en 1975. Por aquellos años, el juzgado estaba atiborrado de causas ya que entendían en todo lo referido a las empresas del Estado y le tocó trabajar duro. En base a su laboriosidad, según él, fue creciendo dentro de la carrera judicial.
Hizo referencia al contexto de aquellos años, “era una guerra”, dijo; citó bibliografía de Amorín y Caparrós, mencionó a los dirigentes guerrilleros y tomó las expresiones de líderes políticos como Perón y Balbín. Recordó que el golpe militar asumió con todo el poder y disolvió la Corte Suprema mientras algunos miembros del poder judicial mendocino fueron declarados en comisión. “Quedamos los que éramos de carrera”, esto le permitió, según Romano, atravesar la Dictadura.
Con citas, tanto de Torres Molina y el CELS como del Tata Yofre y Ceferino Reato, aseguró que los militares golpistas marginaron a la justicia y disparó que el terror ideado por Videla fue una sorpresa.

Increible victimización

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Romano redobló la apuesta e intentó instalarse como víctima, primero de los grupos paraestatales que asolaron Mendoza y luego de la coyuntura represiva que toda la población debió atravesar durante la Dictadura. Con una “actitud de bravata hubiese desaparecido al día siguiente”, aseguró, y refirió que fue amenazado por el Comando Anticomunista Mendoza (CAM) y del Grupo de Oficiales Jóvenes, que según él, lo colocaron en la mira por el sobreseimiento a terroristas. Ciertos gestos propios de un funcionario de la justicia, intentó destacarlo como gran mérito reiterando la ingratitud de considerárselo “cómplice de la Dictadura”. Concepto que repitió a lo largo de su declaración. También apeló a los sufrimientos que padece con tono emotivo, e interpeló al Tribunal, en su condición de jueces, para producir un golpe de efecto poco convincente.
Finalmente, esgrimió que la Dictadura obvió a la justicia para desplegar su plan sistemático. Relató que no se le dio participación en la muerte de policías ni en las ejecuciones de militantes en la vía pública, como la pareja Laudani-José, ni en las víctimas de la Iglesia de Fátima. Así, utilizando este extraño camino, trató de desprenderse de todo contacto con la Dictadura. En este punto, el exjuez, pido postergar su declaración porque estaba fatigado.
Después de un cuarto intermedio, y debido a una suba de presión, el Tribunal dispuso posponer su declaración hasta la semana próxima. Bueno es recordar que desde su lugar privilegiado en la Justicia Federal, Romano se esmeró para evitar el enjuiciamiento de los responsables del terrorismo de estado, fue destituido y se profugó a Chile para evitar responder a la Justicia.

El lunes 28, será la próxima audiencia.

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