AUDIENCIA 187 / “UN POCO TEDIOSO”

13-02-17| Más de tres horas se tomó Ariel Civit en su tercera intervención en defensa de Otilio Romano. Gran parte de su exposición la utilizó para repetir conceptos de las dos audiencias anteriores. Quizá por eso, él mismo calificó de “un poco tedioso” su alegato, que terminó con apenas dos personas en la sala.

Defensor y acusados

El traslado

Antes de continuar alegando, el defensor del exjuez Romano insistió con la necesidad de que los detenidos por crímenes de lesa humanidad sean trasladados del lugar en el que están, debido al riesgo que representan los hechos de violencia en el penal San Felipe. Señaló al respecto que podrían ser reubicados en el pabellón que antes era destinado a las mujeres y ahora está libre. Vio con interés esta posibilidad el fiscal Dante Vega.

Además, Civit contó que la próxima semana estará afectado a un juicio oral y público al que será sometido un cliente suyo por lo que pidió que las audiencias sean en horas de la tarde. Desde la Fiscalía, con adhesión de Pablo Salinas, quien expresó su preocupación por la lentitud del juicio, se pidió que ante la dificultad de armar jornadas vespertinas, se les ceda la palabra a otros defensores que aún deben alegar. Este martes el TOF indicará cómo seguirán las audiencias.

“Eso ya lo dijo”

Como se explicó en el inicio de esta crónica, Ariel Civit repitió muchos de los conceptos y datos vertidos en las dos audiencias pasadas. Por eso cada vez que el defensor reiteraba ideas por momentos en forma exagerada, el “eso ya lo dijo” resonaba en la sala.

Lo cierto es que las argumentaciones de Civit rondaron todo el tiempo en torno a la Convención sobre la Imprescriptibilidad de los Crímenes de Guerra y Crímenes de Lesa Humanidad, dictada en 1968 por la ONU, ratificada por Argentina en 1985. Para la interpretación del defensor ese tratado internacional es inaplicable y lo calificó como una herramienta defectuosa. Además de repetir los reparos dados la semana pasada consideró que un artículo de la ley 26.200 del Congreso Nacional, sancionada en 2006 y que incorpora al derecho interno destroza a la Convención. Para reafirmar su convencimiento de que así es, Civit trazó una antojadiza y extraña comparación al aludir a la novela El Tambor de Hojalata del alemán Günter Grass y dijo que él siente que con el análisis de la 26.200 no está tocando como el niño de la novela El Tambor de Hojalata sino que lo hace con las bandas Deep Purple y Metallica. Difícil de entender tal aseveración.

Público

Lo cierto es que el defensor dedicó gran parte de su alegato a tratar de defenestrar la Convención de Imprescriptibilidad calificándola de viciosa y defectuosa a partir de la mencionada ley 26200, la que para él deja en claro que vulnera la Constitución Nacional e impide juzgar crímenes cometidos con anterioridad a la sanción de la normativa. No viene al caso repetir aquí más conceptos porque son los mismos de las audiencias precedentes. Quizá para no aburrir tanto, como el propio Civit admitió, es que apeló a algunos lugares comunes y dijo que la le ley 26.200 le gana a “chicote alzado” a la Convención de Imprescriptibilidad, interpretación por supuesto muy subjetiva y conveniente a sus intereses y absolutamente sesgada.

Este martes seguirá alegando Civit sobre la acusación de “comisión por omisión”.

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