AUDIENCIA 198 / ATAQUE A LOS TESTIGOS

10-04-17 | Aunque anunció que iba a realizar algunas reflexiones generales y lectura de fallos, Ariel Civit centró su exposición en descalificar a los testigos que fueron víctimas del terrorismo de Estado. Nuevamente reconoció que su alegato podía resultar insidioso y dijo que iba a tratar de no ensañarse. Sin embargo, se ensañó y hasta intentó justificar esa actitud agresiva.

Contradictorio

El defensor de Otilio Romano anticipó que no abordaría caso por caso entendiendo que las generalidades que ha expuesto alcanzan a todas las causas que afectan a su cliente. No obstante, apelando a la selectividad tan cuestionada por él mismo, eligió lo que consideró como ejemplos que lo favorecen. Y entonces fue que apreció que debería ser severo con los testigos y aunque admitió que no puede negar que los tormentos denunciados existieron y que no está en su ánimo accionar contra quienes cree que inventaron relatos, amenazó con acatar al doctor Romano si le exige que inicie acciones por falso testimonio.

Luego, con continuas y repetidas referencias a que Eugenio Zaffaroni recién se enteró de la existencia del terrorismo de Estado en 1978, recayó una vez más sobre la imposibilidad de que los exmagistrados mendocinos conocieran lo que sucedía y buscó reforzarla citando algunos casos de víctimas que denunciaron los apremios mucho tiempo después de haberlos sufrido. Consideró “casos testigo” a aquellos que se abstuvieron de declarar ante la policía o en los Consejos de Guerra pero que luego lo hicieron en el ámbito judicial. Mencionó a Ramón Córdoba, Carlos Ubertone, Marcos Ibáñez, Daniel Rabanal, Roque Luna, Alberto Muñoz, Silvia Ontivero, Stella Ferrón y Vicenta Zárate. Sabe Civit, pero no lo dijo, que la mayoría sí denunció las torturas, incluso ante jueces, y éstas no fueron efectivizadas, aún a pesar de las condiciones deplorables en que las víctimas testimoniaban.

En uno de los casos, el abogado se detuvo para atacar a una de las víctimas, la abogada Haydeé Fernández. La trató de ridícula y mentirosa por haber dicho que su padre habló con Romano y que éste le dijo que no busque más. Para el defensor esto contradice otra declaración de la mujer donde señaló que sus padres sabían en qué lugar la tenían detenida. Sin embargo ambas situaciones no fueron simultáneas y además, quien habló con Romano fue una hermana de Haydeé. Esta testigo narró en este juicio que en una visita al juzgado un detenido le contó que a ella la habían visto en el D2.

Otro punto contradictorio del alegato de Civit fue cuando dijo que por la incompetencia los jueces no podían pedir indagatorias. Por este motivo elogió a Romano por haber pedido declaración informativa.
En cuanto a fallos, el defensor también fue selectivo y mencionó el de una Cámara de Apelaciones que convalidó actuaciones policiales a pesar de las retractaciones o rectificaciones de testigos en el ámbito judicial.

Otra hipótesis estrafalaria

Como ya lo había hecho antes, Arel Civit insistió con que los jueces y fiscales eran amenazados por sectores afines al terrorismo de Estado. Para ello se valió de una amenaza del Grupo de Oficiales Jóvenes que le hizo llegar a Romano un panfleto en el que advertían que había jueces (nombraron al propio Romano y a Guzzo) que eran cobardes y colaboracionistas de los subversivos por los sobreseimientos que dictaron. Sin embargo no se conoce un solo atentado adjudicado a ese Grupo de Oficiales Jóvenes salvo que hubiese sido el que colocó un artefacto explosivo en el auto del exjuez Agüero.

Civit volvió a “seleccionar” las causas que beneficiarían a Romano como cuando le dio el sobreseimiento definitivo a Scafatti (al que conoció como compañero en un curso de alemán) o cuando accedió a la domiciliaria para Mario Fioretti tras presentación de un certificado médico. Nuevamente volvió con la teoría del esoterismo de los acusadores al referirse a las costas que debían abonar quienes presentaban Habeas Corpus. Dijo que no ha encontrado un solo caso en el que alguno de los imputados persiguiera ejecución de costas y que sí lo hicieron otros (nombró a Peñaloza) que no son juzgados. Igualmente, consideró que la ejecución de costas la imponía la ley.

El ensañamiento

El defensor de Otilio Romano dijo que no quería ser severo ni ensañarse con los testigos. Pero claramente lo hizo. Acusó de mentirosa a Laura Botella por no saber que Romano desistió de apelar su sobreseimiento, calificó de “palangana” a Atilio Spinello por haber dicho que estuvo preso por culpa de Romano y fustigó a Alicia Morales de Galamba por no decir que Romano defendió su absolución. No es todo. Luego, arremetió de mala manera contra la actual directora de Derechos Humanos de la Provincia, Luz Faingold, por haber señalado que vio a Romano en el D2. Tras argumentar que la Justicia no pudo actuar en su caso porque los abusos se conocieron después, Civit dijo de Luz que incurrió en “versiones atrofiadas y una farsa payasesca de una maldad inentendible”.

Ya sobre el final, un tanto alterado, el abogado contratado por Romano y Bianchi dijo que a los exjueces “los persiguen no por lo que hicieron, sino por lo que no hicieron y que se ofenda el que se quiera ofender” para llegar luego a la insólita conclusión de que Néstor Kirchner fue el que inició el camino de la persecución a Romano por haberse opuesto a la Ley de Medios.

Este martes, Civit concluirá su alegato en lo que será su decimosegunda intervención en favor de Romano.

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